“The bridges were burned
Now it’s your turn to cry (It’s your turn)
Cry me a river (Go on and just)
Cry me a river (Go on and just)
Cry me a river (Baby, go on and just)
Cry me a river”

  • Justin Timberlake

La serie de semifinales del Clásico Capitalino acabó tremendamente caliente. América terminó los dos partidos con nueve hombres, con Javier Güémez en el hospital y con Moisés Muñoz y Darwin Quintero denunciando insultos racistas por parte del defensor de Pumas Darío Verón hacia el colombiano.

Tras la goleada de 3-0 que Pumas saco del Azteca en la ida, la eliminatoria parecía definida (y eventualmente así fue), pero nadie pensó que de manera dramática las Águilas se quedaran a un gol del milagro en la vuelta.

Todo pudo haber terminado ahí, en una serie de semifinal emocionante y con su dosis de calentura. Pero el América se encargó de llevarlo más allá pidiendo sanciones para Javier Cortés por “lesionar” a Güémezy a Verón por sus supuestos actos de racismo.

Empecemos con la jugada de Cortés y Güémez. Un choqué de dos jugadores que van a un balón dividido con fuerza y de la cual el jugador de Coapa saca la peor parte. De esos taponazos como hay en miles de partidos de futbol en todos los niveles. Esos que se hacen notorios solo si alguien sale lesionado como le sucedió a Luis Montes previo al Mundial (esa lesión en Dallas le costó quedar fuera del Tri para Brasil 2014) y a Segundo Castillo, a Héctor Moreno con el PSV jugando en la Champions League, entre otras.

Es muy claro que el jugador universitario no tiene ni la más mínima intención de lesionar al americanista. Una jugada sin duda desafortunada, pero en la que no se le puede culpar al futbolista de la UNAM. Es más, por el encontronazo, pudo darse que el lesionado hubiera sido el mismo Cortés.

Si el América tuviera poquito de memoria, se acordaría que Rubens Sambueza debería estar suspendido por provocar la lesión de Marc Crosas, el jugador español del Cruz Azul. Sambueza obviamente, al igual que Cortés, no tuvo la intención de lesionar, pero Rubens con su empujón (pequeño, y si se le quiere calificar de “faltita”, está bien, pero es falta), encadenó la eventual grave lesión del catalán. La diferencia, fue que Crosas tuvo la caballerosidad de exhumar de culpa al argentino, y el América se quedó calladito.

Lo segundo es un tema delicado socialmente, ya que hablamos de racismo. Pero desde las formas, el América se equivoca. ¿Por qué sale Moisés Muñoz a decir que Darwin le dijo que Verón le dijo cosas (si, así como se escucha, como una pelea de palabras de niños de primaria)? ¿Darwin no es un adulto que puede hablar pos sí mismo?

Aquí el problema es que es un tema de palabra contra palabra, y sin pruebas contundentes no hay motivo para creerle más a Quintero sobre Verón, y viceversa.

El racismo es injustificable y repudiable, y en este caso el verbal es muy grave. ¿Pero cómo separamos eso de todos los insultos homofóbicos, discriminatorios y de todo tipo que se dan en la cancha en todos los partidos del mundo?

Aplaudo que un club tan popular condene el racismo pero me quedan algunas preguntas en el aire.

Si el América, Muñoz y Quintero están tan preocupados por el muy grave tema de discriminación, ¿por qué hasta ahora? Hace unos días Efraín Cortés, quien mantiene contrato con Puebla denuncio que el directivo del club poblano Álvaro Flores, lo insulto en múltiples ocasiones haciendo alusión a su color de piel, e incluso había testigos. América no levanto la voz, Darwin tampoco, y eso que Flores es su compatriota colombiano.

Hace poco más de un año, Ronaldinho llegó al Querétaro, y un político “de raza pura” del Partido Acción Nacional (PAN) dirigió comentarios racistas hacia el astro brasileño en su cuenta de Facebook. El América, Muñoz, y Darwin (en ese entonces en Santos Laguna), no pusieron el grito en el cielo.

¿La justicia solo se pide cuando uno es el afectado y no cuando el vecino es la victima?

Y si Verón se la pasa insultando a Darwin, ¿por qué no denunciarlo en cualquiera de los otros partidos en los que se han enfrentado? ¿Si hubiera ganado el América, y suponiendo que la agresión psicológica del paraguayo sucedió, habría habido una denuncia o se hubiera quedado todo en la cancha?

Y ya como cereza en el pastel, según una gran parte del americanismo, la forma ratonera de jugar de Pumas no debería de darle satisfacción a su afición, aun cuando ganaron la eliminatoria. ¿Entonces jugar defensivo no se vale? Supongo ahora es cuestión de tiempo para que el América regrese los títulos que gano jugando de manera pragmática, incluido el que ganaron con Manuel Lapuente en el banquillo en 2002 tras una sequía de 13 años.

¿Por qué habría Pumas de atacar, si siempre fueron ganando la eliminatoria (el empate les favorecía)? La estrategia de la UNAM era pararse atrás y cazar las que tuvieran arriba en el momento justo, y eso fue lo que hicieron. ¿Entonces en que basamos que jugo mejor o merecieron más las Águilas? ¿Quién cayo en el juego de quién?

Lo que el club americanista y su entorno están haciendo es de ardidos y malos perdedores. Y si deben buscar culpables, hagan algo de análisis interno, tengan autocritica.

A finales de la campaña regular, el técnico del América Ignacio Ambriz y Paul Aguilar aplaudieron y festejaron ante la prensa, que Güémez y Marín se agarran a golpes en un entrenamiento del club. Si eso no ínsita y manda un mensaje de “carácter” y actitudes erróneas, no sé qué si lo hace.

Y los dirigidos por Ambriz, se sabotearon ellos mismos, con sus actitudes que les costaron expulsiones, y pudo costarles más que “solo” cuatro. Lo peor es que confunden sus actitudes, con tener carácter.

Queda claro que le caló muy hondo a las Águilas caer con Pumas y que sus lágrimas van a llevar un buen rato en secarse.

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