Se jugaron los cuartos de final de la Liga MX. Tiburones, Camoteros, Panzas Verdes y Jaguares se quedaron en animadores, y ahora solo nos quedan los cuatro protagonistas que esta semana jugaran la ronda de semifinales. Entre Pumas y Águilas saldrá un finalista, y de entre Diablos y Tigres saldrá el otro.

El Clásico Capitalino arrastra el poder de convocatoria, por varios motivos. Uno de los principales, siendo las ideologías que chocan. Unos representan la rebeldía, la juventud, la máxima casa de estudios del país, mientras que los otros representan el poder económico, mediático, el statu quo, el establecimiento. Dejando temas extra fútbol, y simplificado en términos deportivos, podríamos decir que es la cantera contra la cartera.

Pero esos son solo términos del romanticismo futbolístico mexicano, en la realidad el club del Pedregal se ha convertido en algo mucho más parecido a su némesis de Coapa. De los 14 jugadores que vieron acción en el partido de vuelta ante Veracruz, 7 de ellos no nacieron en México y mucho menos en las juveniles de Pumas.

A eso le podemos sumar dos jugadores mexicanos que no surgieron de la cantera felina. Y de los otros cinco jugadores restantes que si nacieron en las básicas universitarias, uno tiene 34 años, otro 29 – no precisamente lo que podemos considerar sangre nueva – y los otros tres todos superan ya los 25 años, uno de ellos ya hasta probo diferentes aires en otro club mexicano. De manera especulativa, me atrevo a decir que más que poder presumir a esos 5 canteranos, en realidad ya son tapujos que no permiten que surjan las nuevas generaciones, e incluso las no tan nuevas.

Si la ideología de los Pumas de la UNAM aún existe, esa está más bien en sus más fervientes aficionados, pero no en su plantel.

Mientras que el vigente campeón de la CONCACAF Champions League, si mantiene su filosofía deportiva muy acorde a su identidad y el apoyo de la maquinaria televisiva sigue girando a su favor, quizás el que menos lo entiende son sus propios aficionados.

Los seguidores de las Águilas, cada vez son más difíciles de distinguir de los fanáticos de Pumas, o de varios clubes de la liga mexicana. Cada vez entienden menos lo que el club azulcrema representa. Incluso intentan minimizar atributos, que de no ser por ellos, el América no sería lo que fue y es. Desconocen o buscan deslindarse de forma consciente de sus creadores, como hijos renegando de sus padres.

Claro que a la hora de que ruede el balón, eso de poco y nada importara… ¿o sí?

Del otro lado, Choriceros y Regiomontanos, no tendrán el arrastre y los reflectores de los capitalinos, pero desde hace tiempo tanto club como aficionados conocen a la perfección su ADN. Eso los ha llevado por diferentes caminos en el plano deportivo: Toluca es el máximo ganador de ligas de los últimos 17 años, mientras que Tigres apenas ha podido levantar un título de liga en los últimos 33.

El campeón deberá salir de entre los confines del Infierno o de las entrañas del volcán. O por lo menos ese es el deseo de este romántico que quiere creer en la pureza de la comunión ideológica entre club y afición.

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