Look at the stars,
Look how they shine for you,
And everything you do,
Yeah, they were all yellow.

– Coldplay

**La primera parte del artículo, presione el botón de sarcasmo en ON (América) por varios pasajes; presione el botón y póngalo en OFF (Tigres) para la segunda parte.

Dos de los clubes más poderosos en México en la actualidad, por poder económico, plantel y resultados en los últimos años, tenían ante sí la oportunidad de ratificar que están para marcar diferencias con el resto de los clubes aztecas – ese grupo que incluye exitosos, mediocres y los que dan pena, pero que sin excepción todos nadan en las aguas de la irregularidad.

El turno para el equipo de las Águilas del América, el cuadro capitalino, llego tras 4 años muy constantes en la Liga MX, que incluyeron dos títulos de liga, un subcampeonato y la conquista de la CONCACAF Champions League. Lo que le permitió jugar el Mundial de clubes en Japón.

El América llegaba a tierras orientales con las expectativas muy altas por varios motivos: eran el primer equipo mexicano que llegaba al torneo con un rendimiento más que aceptable al caer en las semifinales de la liguilla mexicana ante los Pumas, en un partido de vuelta en el cual dieron batalla hasta el final; un plantel completo, el apoyo absoluto del dueño del equipo que hizo a un lado compromisos con su televisora para hacer el viaje y ver a su equipo jugar el Mundialito.

Los problemas disciplinarios y los berrinches absurdos de sus futbolistas parecían cosa del pasado, y todos ya soñaban con un partido épico ante el Barcelona, en el cual obviamente se puede presupuestar una derrota, pero una que dejara en alto el nombre del club capitalino. Se presumía borrarían esa imagen del Mundial del 2006, cuando el cuadro catalán borro a las Águilas por 4-0 en semifinales.

Solo había un pequeño obstáculo para tomar revancha ante el Barcelona: Guangzhou Evergrande.

Todo iba de acuerdo al plan al comienzo de la segunda mitad, con una cómoda ventaja frente al cuadro chino que ni en su casa conocen, y que cuenta con algunos brasileños que dicen han ganado unas dos o tres cosas interesantes en sus carreras. ¿Pero quién es Luiz Felipe Scolari, al que le metieron 7 los alemanes? También contaban con un tal Robinho que podemos tachar de sobrevalorado con justa razón, pero que jugo para clubes que ya quisiera el 98% de futbolistas en el mundo por lo menos tener la oportunidad de entrenar en ellos, y un tal Paulinho que ni en sueños alcanza el nivel (y mucho menos la fama) de sus antecesores en la selección. A los jugadores chinos ni los mencionamos, al fin y al cabo serán muy buenos atletas para un sinfín de deportes olímpicos, pero para el futbol no son nadie.

Y además, el poderoso América contaba con los ‘mega cracks mundiales’, que aparecen nada más cada 3 o 4 partidos en México, pero con eso les basta y les sobra. Rubens Sambueza, Darwin Quintero, Darío Benedetto, entre otros, son tan codiciados por los grandes de Sudamérica y los gigantes de Europa, que mejor se quedan en el futbol mexicano. ¿Para qué arriesgar su status de estrellas mundiales?

Al final, no hubo revancha ante el Barcelona, y el América acabo haciendo el ridículo como lo han venido haciendo los clubes mexicanos en este torneo desde hace 10 años. Igual de mal les fue al Pachuca y al Monterrey en sus respectivas épocas doradas, y hasta por partida triple para los dos. Y del numerito que se aventaron Quintero y Sambueza peleando entre ellos en el terreno de juego, mejor ni hablamos.

Pero bueno, siempre queda el consuelo de que el Mundialito está diseñado para que el cuadro Sudamericano enfrente al europeo en la final.

¿Qué el Mazembe y el Raja Casablanca ya jugaron la final en diferentes ediciones? No puede ser, debió ser un milagro porque todos sabemos que el futbol mexicano es muy superior al africano…y al asiático y al de Oceanía; que en cada Mundialito de los últimos 10 en todos con excepción del 2013, un club mexicano haya perdido ya sea en eliminación directa o en el partido por el tercer puesto frente a un cuadro africano, asiático u oceánico, debe ser mera casualidad.

Bienvenido a la cruda realidad.

Y el más fiel reflejo de lo que le paso al América sucedió en la final del torneo local en México. Donde el “Dream Team” a la mexicana (aquí no hay sarcasmo) de los Tigres de la UANL termino ganando el título de liga dando pena. Con una gama de futbolistas que han demostrado estar muy por encima del nivel de los jugadores de Pumas, tanto individual como colectivamente. Incluso en el partido de ida hicieron notoria esa diferencia con un contundente 3-0.

Tigres cuenta con seleccionados argentinos, franceses, mexicanos, estadounidenses, uruguayos y varios que no están en el radar de sus respectivas selecciones. Un técnico que conoce el futbol mexicano mejor que a la palma de su mano, Ricardo “Tuca” Ferretti, y que tiene de mano derecha a Miguel Mejía Barón – que es un erudito del futbol azteca.

“Tuca” siempre se ha caracterizado por mantener equipos equilibrados, incluso defensivos.

Por lo cual parece inaudito que en tan solo 72 horas de diferencia, Tigres estuvo a punto de dejar ir el título de liga que tenía en la bolsa al perder una ventaja de tres goles en el partido de vuelta, y todavía en tiempos extras con un hombre de más en la cancha no poder sellar el partido y permitir un cuarto gol universitario que forzó la tanda de los penaltis.

Es cierto, son campeones, y al final del día eso es lo que todo equipo busca cuando arranca el torneo, pero si ni el “Dream Team” del futbol mexicano tanto en el banquillo como en la cancha son capaces de mantener cierta regularidad de partido a partido, que no nos tome por sorpresa lo que le sucede al futbol mexicano en situaciones superlativas o ni tan extremas, en los torneos internacionales tanto de clubes como de selecciones.

Los mismos regiomontanos ya habían mostrado su debilidad a nivel internacional hace unos meses, cuando ni las manos metieron en la final de la Copa Libertadores ante River Plate. Pero al igual que con el América hoy en día en Japón, a Tigres se le cataloga en México como equipos muy superiores en el continente – “ya quisieran los equipos argentinos y brasileños poder armar equipazos como estos” – dicen en México.

Quizás tengan razón, o a lo mejor no. Pero la pregunta es, ¿de qué les sirve armar estos equipazos? Si a la hora de la verdad se achican en Sudamérica y en el Mundialito sin importar de qué confederación sea el rival.

BONUS: De nada. Como lo comenté previo a las semifinales del futbol mexicano, el Clásico Capitalino acapararía los reflectores, pero el campeón saldría del menos glamuroso Tigres vs. Toluca.

Sobre El Autor

Hugo Chávez Barroso
Colaborador en México

Periodista Deportivo, Mexico

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