Ya está. Ya no queda nada, algunos ya han viajado, otros lo están haciendo ahora mismo, y otros aun lo harán en uno, dos o tres días, para agarrar ese vuelo que depositará otra ilusión más en el lejano Oriente, otro anhelo más de volver con una Copa bajo el brazo. Ya la ansiedad empieza a dar paso a la excitación natural de aquel que no ve la hora de estar allá, junto a otros 25,000 locos por esos colores, cantando y saltando por las calles de Tokyo y Osaka. Veinticinco mil enfermos que no entendieron nada de deudas o de tarjetas de crédito que explotan, pero que supieron mucho de ahorro, de escuetas salidas en los últimos meses, de algún que otro ultimátum de esa novia o esposa que no entiende de ese mundo que rueda atrás de la pelota…todo por estar allá. Y cada uno de esos 25,000 lleva el sueño de millones más que no están, que no les alcanzó, que no pudieron, que ahorraron e hicieron cuentas pero al fin y al cabo tuvieron que dejar escapar esta oportunidad, con una mezcla de tristeza y envidia (de la sana, de la que no desea mal): los que vamos, los representaremos, ustedes están con nosotros, y nosotros con ustedes. 

Así se siente ser de River Plate hoy. Esas sensaciones, de alegría, de éxtasis, de júbilo, todas, con un sonido de fondo que dice algo así como “ Y si señor, de la mano del Muñeco vamo’ a Japón!” La canción cuenta como copamos Belo Horizonte, también Asunción, y no hay otra, coparemos también Osaka y Tokyo. Ya tenemos preparadas caravanas multitudinarias, partidos contra equipos japoneses, partidos contra la filial de River en Japón (porque vos sabes, estamos en todos lados, #RiverEsMundial).  Miro a la maleta de viaje, cuento casi 30 camisetas de River, entre las oficiales y regalos de esas filiales en Argentina y el exterior. Obsesivo no? Pero hay que estar siempre bien empilchado para la ocasión. 

Una de mis preocupaciones será como bancarme las 17 horas de vuelo que me voy a pegar. No porque no pueda dormir, eso se arregla con un par de scotch antes de la partida en algún bar del aeropuerto, sino que tengo miedo de estallar en cántico loco por River, ante la atónita mirada de los pasajeros. Y bue, no importa, lo haré, si me sale de adentro. Que me tilden de loco, si eso es lo que estoy.

¿Qué decir del equipo?  Seguramente si tengo que ser objetivo tendría que decir que en estos momentos estamos varios peldaños debajo de Barcelona, que desde agosto cuando nos emborrachamos de tantas copas, venimos tambaleando, que ellos vienen con todo, que su técnico dice tener el mejor tridente ofensivo de la historia (eso, pobre tipo, porque no vio ni escuchó nunca de Moreno-Pedernera-Labruna, de la mejor delantera de la historia, La Máquina), que tienen al mejor del mundo sin dudas…pero no me pidan ser objetivo ahora. En agosto les hubiera firmado que River le ganaba a este gran Barcelona, si, porque atrás teníamos una muralla defensiva que ni Attila ni Alarico ni Lio ni Neymar podían pasar. Esa muralla se resintió con la ida de Funes Mori, pero tres partes de ella (Mercado, Maidana, y Vangioni) siguen en pie. Y le tengo fe a Eder Balanta o Mammana para esos partidos trascendentales. Barovero se habrá equivocado en aquella semifinal contra Huracán por la Copa Sudamericana, pero tampoco me puedo olvidar del dedito en alto tapando ese penal ante Gigliotti (ah, estoy de paso por China, y si nos sacamos una selfie, Puma? Prometo no poner los dedos en V de 2, 2 veces en 6 meses). Y está Ponzio, el león que se come todo y te come los pies, y Kranevitter, el nuevo Mascherano, que quiere dejar de ser comparado en este mundial, y por buena razón. Y la entrega de Mora, metiendo goles importantes, y el cabezazo y las jugadas de crack de Alario , y el pie dúctil de Pisculichi (que viva el futbol!!).

¿Que quieren que les diga? Si pasamos las semifinales estos de Cataluña no lo van a tener fácil. En agosto lo firmaba por convicción, por datos basados en la ciencia del futbol, en el momento de cada jugador, y hoy, por fe, porque sé que esos jugadores van a poner todo en la cancha, que esa despedida de Argentina con miles de hinchas cortando la autopista no fue en vano, que tocó cada fibra de cada jugador: ganamos. Hasta quizás les hizo mejor quedar eliminados en las semifinales de la Copa Sudamericana, porque les dio tiempo de trabajar en lo físico y absorber toda la efervescencia de pasión y amor que el hincha les está tributando. Ah, y les tiro un dato histórico: River y Barcelona se enfrentaron dos veces, ambas en Europa. En el 1961, perdimos 2-0, pero en el 1964, les ganamos 5 a 1. Si, River 5, Barcelona 1. Ya sé, si ganamos no va a ser por goleada esta vez. Bah, no creo. Y seguramente los hinchas de Boca deben estar esperando que el Barcelona de las estrellas nos golee, pero ellos deberían abstenerse de comentar: ¿O se olvidaron que Barcelona les ganó 9 a 1 en 1984? Lo que sí estoy seguro que no se olvidan es que estamos acá por haberlos eliminado a ellos (“Que vas a hacer? Si vos no tenes los huevos de River Plate!!”)…

Asi que me voy, tengo que preparar la valija. Y a leer la guía de Japón. Sueño con verme con hinchas de River en cada esquina, y así, de repente, de la nada, unirnos en un abrazo y en un solo grito

”y si señor!! De la mano del Muñeco estamo’ en Japón!!”

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Sobre El Autor

Hernan Amorini

Hernán nació en Buenos Aires pero vive en Nueva York desde los 14 años. Su gran pasión es River Plate, y es uno de los fundadores y Vice Presidente de la filial de River en Nueva York. Al mismo tiempo es un amante del fútbol en general, su análisis y su historia. Hernán tiene un MFA en Escritura Creativa de City College.

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