Peñarol y Nacional igualaron el clásico del Fútbol Uruguayo en una hermosa tarde primaveral en el mítico Estadio Centenario de la ciudad de Montevideo ante 50 mil personas por la duodécima fecha del campeonato Apertura 2015.

El conjunto aurinegro llegaba al encuentro que acapara la atención del país en la cima del torneo con dos puntos de ventaja sobre su más inmediato perseguidor, que justamente, era su rival de turno en el escenario que en febrero próximo recibirá la visita épica de los Rolling Stones.

Tal cual nos tienen acostumbradas ambas hinchadas, el colorido previo al encuentro fue fenomenal. El local, Nacional, coloreó sus tribunas de rojo, azul y blanco con un mosaico referenciando a su ídolo, Álvaro Recoba, mientras Peñarol con globos y miles de banderas de palo, tiñó su sector de amarillo y negro.

La expectativa era muy alta, ya que la punta del Apertura estaba en juego. Si vencía el albo, superaba al mirasol en la tabla, mientras que si los tres puntos quedaban en el conjunto visitante, “iba en coche” para alzar el trofeo que le permitiría a fin de temporada disputar las finales a falta de tres fechas.

Ambos entrenadores cambiaron sus alineaciones con respecto a encuentros anteriores, provocando incertidumbre en el ambiente futbolero, ya que la mezquindad provocó que en cancha, se viera reflejado lo que se presumía una vez conocidas las escuadras.

La blanca, que debía ganar sí o sí para recuperar la primera posición, salió al campo de juego con dos líneas de cuatro y dos delanteros. La zona media, donde gestaba su mejor fútbol en los pies de Rodrigo Amaral e Ignacio González, se convirtió en un campo de batalla con Romero, Porras, Eguren y Abero.

Por su parte, el carbonero, modificó su línea defensiva al colocar un zaguero natural como lateral por la izquierda. Cortó una salida vital por ese sector con pelota dominada, más allá de que Mac Eachen no haya disputado un mal clásico. El balón largo se hizo común denominador, ya que Nacional tapó las andanzas de Aguirregaray. De esta forma, Zalayeta tuvo un desgaste anormal.

El árbitro, Andrés Cunha, quien dirigió su primer clásico oficial, salvó con nota el encuentro más difícil de Uruguay. Antes de los 10’, Diego Forlán cometió una falta dura sobre Porras que pudo haberle costado la expulsión, pero la tarjeta amarilla voló por los aires del Centenario. Los restantes 80’, las polémicas brillaron por su ausencia.

Nacional se puso en ventaja con un golazo. Romero, quien fue el héroe en la pasada final, disparó de 20 metros y la colgó en un ángulo para el delirio de los albos. Este tipo de encuentros marcan la personalidad de los players y el “Colo” tiene la estirpe suficiente para afrontarlo con creces.

En el complemento, Matías Aguirregaray, otro hombre clásico (en 2010 convirtió el tanto para que Peñarol sea campeón uruguayo también ante Nacional ) igualó el score con un cabezazo certero en el segundo palo tras un notable envío de Aguiar y posterior peinada hacia atrás de Romero.

Curiosamente, los dos hombres gol de la hermosa tarde, cometieron errores graves en los tantos contrarios. El Vasco generó tras un pésimo saque de banda el contragolpe de la blanca, mientras que Romero peinó hacia atrás un envío desde la izquierda.

Otra paradoja que ocurrió en un encuentro mezquino producto de los planteamientos de los entrenadores, Bengoechea y Munúa, es que los tantos llegaron en el peor momento de sus equipos. El gol de Nacional se generó luego de tres situaciones claras de Peñarol, mientras que el empate definitivo llegó con el dominio tricolor del partido en el complemento también con situaciones claras sobre el arco de Gastón Guruceaga.

Las figuras del encuentro fueron Esteban Conde por el lado del local, mientras que en el visitante se destacó Nahitan Nández. En la previa las expectativas estaban puestas en Forlán y Alonso pero ambos fueron controlados por las defensas rivales. No obstante ello, ambos se las ingeniaron para estar presentes en la mayoría de las situaciones de riesgo en el clásico, que no quedará para nada en las mayores páginas de la historia.

El beneficiado por el resultado fue Peñarol, que consigue mantener la punta con dos puntos de ventaja sobre su más inmediato perseguidor, pero con la sensación amarga de que no pudo vencer en todo el 2015 a su archirrival bajo la dirección técnica del “Profesor”. Por su parte, Nacional, que hizo un planteo mezquino, salvó el invicto en el presente año y afronta las elecciones presidenciales del club sin haber caído ante el mirasol.

¿Los más perjudicados? Los hinchas, quienes nos tienen acostumbrados a llenar y teñir el cemento de los colores tradicionales de nuestro fútbol, disfrutaron de una tarde de sol hermosa luego de mucho tiempo, pero con la sensación amarga de haber visto poco fútbol y cero ambición sobre el arco rival. “La pata fuerte”, como se dice por estos lares, acaparó el clásico más añejo del continente.

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