Jugar bien es saber a qué se juega, y hasta ahora Venezuela y Noel Sanvicente no parecen saber. El saldo luego de la primera jornada para Venezuela fue una derrota por un error garrafal de la defensa frente a Paraguay y otra visitando a Brasil, cuyo ritmo de juego fue demasiado para la Vinotinto. Cero puntos en los primeros dos partidos era algo que no estaba en los planes, y mucho menos la forma. Sanvicente va al mando de la selección desde hace quince partidos, y todavía no se puede señalar un estilo definido. Pero la confusión viene desde el mismo discurso del entrenador.

En ruedas de prensa, Sanvicente ha dicho que la premisa de sus convocatorias es la continuidad de cada uno de sus convocados en sus clubes. Pero él mismo se contradice cuando no solo convoca a jugadores sin minutos, sino que los de menor rodaje son titulares por encima de aquellos regulares en sus clubes, ejemplo Juan Falcón por encima de Christian Santos en el debut de esta eliminatoria. Ya por ahí, si desde la palabra no se es congruente, en la acción se dificulta mucho más.

Cuando Venezuela toma el campo aún no sabe cuál es el plan de juego. O al menos, su desempeño nos hace asumir eso. Sanvicente siempre ha pregonado el fútbol de vértigo y presión alta, que hasta ahora brilla por su ausencia. A veces Venezuela juega con desborde y velocidad por las bandas, a veces intenta buscar pasillos interiores, a veces defiende bien profundo en su propia área y a veces adelanta su línea defensiva. Y no es que tenga varios recursos tácticos y los emplee en base al rival o al momento del partido. Es que no hay una idea clara.

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En mi opinión, el problema parte del eterno debate entre seleccionador y entrenador. Cuando se entrena a un club, al jugador se le ve todos los días, se le nota cuando está a tope técnica y físicamente y hasta los cambios de ánimo son perceptibles. Cuando se selecciona es casi como trabajar con información de segunda mano y solo hay dos ensayos antes de cada examen, si acaso.

Concluyendo, a Sanvicente le hace falta constancia. Casi, le falta ser lógico. Antes Venezuela se identificaba por el juego de asociación de Páez, luego por la defensa de Farías. Ahora, con Sanvicente, no se sabe.

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Miguel Machado

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