En la cancha siempre tomaba la decisión correcta. Fuera de la cancha, también lo ha hecho. El pasado martes, Juan Arango hizo pública su decisión de dejar la selección venezolana para abrirle paso a otros jugadores más jóvenes y con mayor ambición. No fue una decisión fácil aunque ya la tenía pensada. La eliminación de la Copa América de Chile fue el detonante. Aunque duela o entristezca verse marchar al mejor jugador de la historia del fútbol venezolano, ya era hora de su marcha. Su inagotable calidad no disfraza el inevitable paso de los años. Sensato y con pocas palabras, se despidió. En el mejor momento, justo antes de las maratonianas Eliminatorias y en el peor escenario, un Cachamay vergonzoso en cancha y tribuna.

Debutó en un amistoso contra Dinamarca de la mano del “Pato” Pastoriza. Lideró el “boom vinotinto” de la mano de Páez y rozó la clasificación con Farías. Se fue a México siendo suplente en el Caracas F.C. y luego dio a conocer su zurda en Mallorca y Mönchengladbach, cuando en Sudamérica la conocíamos todos. Fue partícipe de aquel 0-2 en Santiago y sepultó a Uruguay el día del “Centenariazo”. Hizo temblar a arqueros de todo el continente cada vez que pedía una pelota parada e hizo jugar a todos sus compañeros. Nunca el concepto del líder silencioso ha tenido una mejor definición.

En un episodio muy personal, Juan Arango marcó el primer gol que me hizo llorar en mi vida. A una semana de mi cumpleaños número 12, cruzó un remate rasante en el último minuto de un partido contra Bolivia. Palo y gol. Mi papá saltaba por toda la sala y a mi se me aguaban los ojos. En ese momento eran mucho más que tres puntos, era el nacimiento del “boom” en el estadio Pachencho Romero. Ese flaco, zurdo, con una cinta en el pelo me sacó lágrimas con un remate. Estoy seguro que no fui el único que lloró ese día.

Ese es el legado de Juan Arango para el fútbol venezolano. Apadrinó una generación de jugadores y aficionados que aún anhelan estar en un Mundial. Aunque él no lleve la banda de capitán el día del debut, siempre será el capitán. Puso una semilla que pocos hubieran sido capaces de plantar. Por muchos, muchos años, Juan Arango será sinónimo de fútbol en Venezuela.

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Miguel Machado

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