Tras una impresionante Copa Centroamericana en mitad del año 2014, la selección nacional de Guatemala ha entrado en un letargo de fútbol. El equipo del argentino Iván Franco Sopegno no ha sido el mismo desde aquel torneo relámpago que dio a los guatemaltecos la esperanza de poder hacer un buen papel en la Copa Oro 2015. Mismos jugadores, mismo técnico, mismo resultado, distinto fracaso.

Sopegno tomó el mando de la selección de Guatemala en mayo de 2014 tras ganarlo todo con Comunicaciones FC. El argentino, ex portero de varios equipos en el medio guatemalteco, afrontó el mayor reto de su carrera: abandonó la comodidad que le daba un grupo que él mismo había conformado por años, un grupo que le daba títulos y ganancias, por uno que sabría sería complicadísimo de dirigir y de hacer jugar como debe jugar un equipo representativo de cualquier nación.

Sin embargo, su primer reto fue la Copa Centroamericana, jugada por primera vez en Estados Unidos, donde con tres futbolistas insignias se coló en la final ante la Costa Rica de Wanchope, aún empujada por la Copa del Mundo de Brasil. En ese primer gran reto, Guatemala derrotó con algunas dudas a El Salvador y Belice, rivales con lo que se ha podido ganar regularmente históricamente; se le ganó sin dudas a Honduras, uno de los rivales más complicados en los últimos años; y se cayó ante Costa Rica en una final rara, donde el tridente ofensivo de Sopegno no cuajó.

Y es que tras ese partido previo a la final de la Copa Centroamericana ante Costa Rica en California, el tridente de Sopegno no ha aparecido: Marco Pappa, tras ser el mejor jugador de la Copa y ser titular en el Seattle Sounders, ha caído en un bache de fútbol, sumado a su problema con la ley norteamericana hace unas semanas. José Manuel Contreras, genio creativo del club más ganador de la historia del fútbol guatemalteco, no ha mostrado su mejor fútbol en el combinado nacional, más pareciera que el balón le quema con la camiseta de la franja cruzada. Y Carlos Ruiz, viejo y cansado capitán, es el único que da la cara frente a la falta de jerarquía del equipo guatemalteco.

CarlosRuizPescado

La falta de jerarquía fue latente en la Copa Oro jugada en el pasado julio en Estados Unidos. Los cinco hombres que estaban llamados a ser la columna vertebral del equipo, resultaron ser los puntos más débiles del cuadro. Ricardo Jerez, garantía en el arco, titular en la liga colombiana, resultó terminando en el banquillo, en su lugar, un veterano Paulo Cesar Motta dio a Guatemala el empate ante México. Elías Vásquez, defensor del Real Salt Lake se equivocó en la derrota ante Trinidad y Tobago, y confirmó una vez más que sufre muchísimo en defensa. José Contreras, expulsado ante México, quedó a deber, más sabiendo el torneo Clausura 2015 que firmó con Comunicaciones. Marco Pappa, luego de ser el jugador más discreto de la selección, confirmó su pésimo estado, cayendo ante la justicia norteamericana por manejar bajo efectos y en exceso de velocidad. Y el Pescado, máxima figura del fútbol guatemalteco, no pudo solo ante equipos más rápidos, más potentes y sobre todo, más jóvenes.

Guatemala sufre de su época con más incertidumbre y en el apogeo de esta era enfrentará a Antigua y Bermuda a doble partido para meterse a la fase de grupos de la CONCACAF, donde enfrentará a dos verdugos: Estados Unidos y Trinidad y Tobago. El combinado nacional deberá afrontar esta eliminatoria con el peso de saberse mejor, al igual que contra Bermuda en junio. Creerse mejor, en un país como Guatemala, cuesta caro, ha costado caro durante más de 60 años.

Sobre El Autor

Javier Del Cid

Guatemalteco (1995), aspirante a periodista de fútbol. Estudia Ciencias de la Comunicación en la Universidad Rafael Landívar. Le gusta el fútbol de su país, sigue de cerca la Liga Nacional y sus categorías de ascenso. Comentarista de fútbol en Radio Cadena Sonora de Guatemala.

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