“Somos el mejor equipo en el negocio del fútbol. Somos wematch, la unión de los tres líderes de Latinoamérica: Full Play, Torneos y Traffic Sports, para llevar al mundo el más alto nivel del espectáculo futbolístico internacional. Juntos entregamos más de 30 años en el desarrollo de entretenimiento, capacidad global e innovación para seguir transformando el negocio.

Desarrollamos la comercialización de la Copa América, uno de los torneos más prestigiosos del planeta que reúne a los grandes seleccionados y a los mejores jugadores. Somos la fuerza, el talento y el estilo que reflejan el fútbol de Latinoamérica, y queremos compartir nuestra pasión con el mundo. Somos wematch.”

Este es el pomposo mensaje con el que se encuentran los internautas al acceder a la página web de wematch, la empresa de gestión de derechos comerciales y audiovisuales que explota en exclusiva todo lo relacionado con la Copa América. Sobre él, en la cabecera se van alternando cuatro frases en inglés que intentan resumir su visión como compañía: We are where your target is (estamos donde está tu objetivo), We show your brand to the world (mostramos tu marca al mundo), We make your brand equity grow (incrementamos el valor de tu marca), We improve sports business (mejoramos el negocio del deporte). Desde luego, se mire por donde se mire y sabiendo lo que sabemos hoy sobre cómo esos tres socios han conseguido construir su imperio, el pretencioso texto resulta una gran ironía de pésimo gusto.

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Wematch surgió como solución a una disputa jurídica entre dos de sus matrices, Traffic y Full Play, por la concesión a esta última por parte de la CONMEBOL de los derechos comerciales de la Copa América. Traffic Sports, empresa brasileña de largo recorrido en este mundillo, controlaba tradicionalmente esos derechos en las dos confederaciones americanas de fútbol, mientras que Full Play había irrumpido con fuerza en los últimos años hasta conseguir arrebatar a Traffic buena parte del pastel. La alianza entre estos enconados rivales, a la que se sumó la otra gran productora futbolística sudamericana, TyC, parecía una extraña solución que ahora, gracias a la investigación estadounidense, resulta tan perversa como entendible: si, presuntamente, todas usaban los sobornos para hacerse con los contratos, ¿qué necesidad había de competir y encarecer la subasta? ¿Por qué no unir fuerzas para el gran golpe: la Copa América Centenario?

Y a eso se dedicaron. Según la investigación de la fiscalía estadounidense Traffic aceptó unirse al proyecto iniciado por Full Play y TyC, para lo cual tuvo que aportar unos 10 millones de dólares sólo para ponerse al día de lo que ya habían invertido sus nuevos socios entre pagos ordinarios y sobornos. En total, el contrato firmado en mayo de 2013 contempla que Wematch abonará 317 millones de dólares estadounidenses a la CONMEBOL a cambio de los derechos comerciales de las ediciones de 2015, 2016, 2019 y 2023 de la Copa América; pero, fuera del documento oficial, las pesquisas indican que a lo largo de ese tiempo se tendrían que distribuir otros 100 millones como soborno para los presidentes de las diez federaciones nacionales. Cuarenta de esos millones ya se habrían desembolsado.

El sistema de pagos bajo cuerda a dirigentes futbolísticos a cambio de la obtención de derechos audiovisuales no es precisamente nuevo: más allá de que la investigación de la fiscalía estadounidense haya rastreado pagos en CONCACAF y CONMEBOL desde 1991, mucho antes ya se estaban produciendo sobornos similares en el seno de la propia FIFA. El caso ISL, que explotó en 2001 a raíz de la quiebra de la compañía alemana que, fundada por los herederos del emporio Adidas, manejaba los derechos televisivos de la FIFA, el COI y otros organismos deportivos internacionales, ya evidenció que ese tipo de pagos se venían realizando desde los años ochenta, coincidiendo con el boom comercial del deporte.

El caso ISL que salió a la luz en 2001 ya dejó en evidencia que este tipo de prácticas no son recientes

El caso ISL que salió a la luz en 2001 ya dejó en evidencia que este tipo de prácticas no son recientes

Pero entonces el caso se llevó con mucha discreción por parte de FIFA y la justicia suiza, ya que los sobornos no estaban tipificados como delito en el país helvético y el asunto se sustanció como un “simple” caso de administración desleal, sin detenciones ni operaciones mediáticas. Ante la insistencia del tribunal, y aunque los abogados de FIFA no quisieron reclamar nada, las partes acabaron sellando un pacto confidencial (que acabó viendo la luz hace un par de años) por el que los directivos implicados tuvieron que ingresar a la FIFA una pequeña parte de las comisiones pagadas por ISL. Entre los afectados, Ricardo Teixeira o el mismísimo Joao Havelange; y también Nicolás Leoz, uno de los implicados de más alto rango en la trama que nos ocupa ahora. Parece por tanto claro que este turbio modelo de negocio estaba firmemente implantado en el mundo del fútbol y que se exportó a América (por lo menos) desde las oficinas centrales. Por qué hasta hoy las autoridades políticas y judiciales de tantos países no hicieron nada por perseguir el enriquecimiento ilícito de los dirigentes futbolísticos es algo que sigue siendo un misterio.

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Diapositiva presentada esta semana por el Departamento de Justicia de EE.UU. En ella se percibe claramente que las compañías de Marketing Deportivo están en el epicentro del esquema de soborno.

 

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