En Quito, Atlético Nacional estuvo irreconocible. Impreciso, endeble y absolutamente infértil ante la potencia de un Emelec sumamente trabajado. Con su habitual combinación de potencia y precisión, el cuadro ecuatoriano supo no solo alcanzar el veloz ritmo del cuadro verdolaga, sino también hacerlo de una manera absolutamente superior. Nacional se perdió en su propio juego; y con un nivel individual y colectivo inferior al de cualquier otro partido de este semestre, acabó hundiéndose sin esperanza alguna de recuperación.

Es cierto, Nacional no pasa por su mejor momento; hay que decir que no es el mismo que disputó la final de la pasada Copa Sudamericana ante River Plate. Sin embargo, ante Emelec el panorama se vio más gris que nunca. Luis Carlos Ruiz –indiscutiblemente uno de los delanteros en mejor momento del torneo local- fallaba sus recepciones y perdía cualquier forcejeo ante Guagua o Achillier, mientras que Yulián Mejía, llamado a proveer las ideas, se convirtió en una sombra errática e imprecisa. Farid Díaz y Alejandro Bernal, por su parte, se vieron incapaces de girar y controlar el juego ante la fuerte presión de los volantes ecuatorianos, que, claramente, olían sangre sobre la salida con balón del conjunto colombiano.

Tales déficits individuales combinados con las recurrentes falencias en salida, acabaron generando una posesión infructífera, que se fue diluyendo hasta que cualquier coherencia en la tenencia se hizo inexistente. De ahí, los errores tan sólo se magnificaron. Miller Bolaños (#GoleadorPV de la semana), tanto en sus desmarques como en sus conducciones, era inalcanzable para Alcatraz García y los centrales. Éste se acentuó con facilidad alrededor de todo el último tercio, libre y dañino como siempre.  Así, los volantes de Nacional tuvieron que ir retrocediendo, generando un terreno baldío en el mediocampo del cual Emelec se hizo dueño.

Unas cuatro veces encontró Emelec el mismo espacio entre Murillo y el lateral izquierdo para ponerse de cara al gol. En dos de esas, Camilo Vargas no fue capaz de completar la acción heroica y el “Bombillo” anotó. Finalmente, la ansiedad y el miedo a una expulsión, llevaron a Osorio a realizar una serie de cambios desesperados que dejaron al equipo con Jonathan Copete de lateral izquierdo, Juan David Valencia de enganche, y un jugador menos, tras una lesión del recién ingresado “Manga” Escobar. Esto último acabó siendo un resumen perfecto de una noche desastrosa en la interminable búsqueda de este proceso por la trascendencia merecida que tanto los elude.

Sobre El Autor

Jairo Ramos

Colombo-estadounidense. Como aquel café. Periodista, economista y escritor, pero ninguna muy en serio.

Artículos Relacionados

Hacer Comentario