Gustavo Costas es un hombre de palabra. O de palabras. A veces fuertes o hasta irónicas; pero consistentes por lo general. El director técnico de Santa Fe es elocuente y carismático, y de los que prefiere, en lo posible, hablar de fútbol: virtudes que, quizá, le hayan servido para instaurar entre sus jugadores una de las ideas futbolísticas más puras de la actualidad en el continente. “Me gusta que  tengan mentalidad ganadora, que tengan un estilo de juego marcado y mucha personalidad,” dijo Costas en su primera rueda de prensa con el club de Bogotá. Y no defraudó. Santa Fe, hoy por hoy, es un equipo definido, claro y organizado como pocos en Colombia. Meticuloso sin y con pelota. Dedicado en su lealtad. El argentino llegó a la capital cafetera apenas a comienzos del torneo clausura 2014 (Agosto), pero su marca no se hizo esperar.  Aterrizaba con un objetivo definido: Había sido campeón de Liga previamente en Perú, Chile y Ecuador. “Espero que Colombia no sea la excepción,” comentó en aquella ocasión. Y ahí tampoco defraudó.

Costas alcanzó la octava estrella en Colombia para Santa Fe a tan solo seis meses de haber tomado las riendas del equipo. Queda claro, no obstante, que para él, esto no ha sido suficiente. La consecución de títulos en cuatro países distintos le ha valido el apodo de ‘el Mourinho Sudamericano’ entre la prensa; sin embargo, si hay algo que caracteriza al flaco de pelo largo cuyos estrepitosos reclamos a menudo sobrepasan los límites de la cal, es el hambre. La insaciabilidad. Un deseo que, más allá de sus palabras y sus ademanes, se comunica a través de cada movimiento de su equipo: Santa Fe ilustra las ganas con las piernas. Corre. Resguarda y desnivela. Explota. El equipo presiona constantemente en terreno contrario, aprovechando ventajas conseguidas por el robo adelantado y el vértigo posterior. Costas pide que con la pelota la tendencia sea completamente vertical. Se realizan transiciones bastante rápidas, y se buscan por inercia los desbordes veloces, y las habilitaciones a profundidad. El estado físico es óptimo; sin embargo, la fatiga generada por las exigencias del sistema es tanto física como mental, y hace, consecuentemente, que hayan pocos titulares fijos. La actitud, de tal manera, es imprescindible entre el plantel. De hecho, aquello es lo que más reitera el estratega en sus ruedas de prensa: la importancia de la capacidad psico-emocional.  Hace apenas días, a pesar de haber vencido 3-0 al Cortuluá, él se tomaba el tiempo para criticar la falta de ritmo exhibida por el equipo en la primera parte. “Cuando somos intensos,” declaraba, “nadie nos puede frenar.”

Costas, en su sed perenne, sabe que el camino que ha elegido es largo, y que en Santa Fe tiene una oportunidad monumental. Si bien la comparación con el famosísimo estratega portugués resalta su éxito en torneos locales, a la vez ésta también magnifica su falta de triunfos en competencias de carácter internacional. En Libertadores y Sudamericana, Costas no ha ganado nada como entrenador. Ni se ha acercado. En su última campaña en el continente previa a su llegada Santa Fe, el estratega disputó ambos torneos con el Barcelona de Ecuador: En la Sudamericana sufrió una eliminación tempranera ante Mineros de Venezuela, mientras que en Libertadores, no superó la fase de grupos. Ahora, con Santa Fe al borde de la segunda ronda del torneo más importante del continente americano, Gustavo Costas se da el lujo de soñar.

Los Cardenales no son favoritos a la Libertadores, pero son serios candidatos. No gozan del plantel más rico, pero sí de piezas puntuales en las cuales enfocar su fe. Figuras como el luchador Daniel Torres –hijo e ícono de la institución- o el exquisito Ómar Pérez –a quien Costas había intentado fichar desde 10 años atrás-, encajan meticulosamente como tótems de un proyecto ambicioso y filosófico, intensificando así, no sólo sus propias capacidades, sino también, y por encima de todo, las del colectivo. El grupo maquina encadenado, en unidad, moldeándose versátilmente ante las grietas que aparecen, y siguiendo de cerca la voz de las instrucciones. Al hombre que, desde la raya, corre. A un líder de palabras grandes, e historias de mayor tamaño.

 

Sobre El Autor

Jairo Ramos

Colombo-estadounidense. Como aquel café. Periodista, economista y escritor, pero ninguna muy en serio.

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