El River de Gallardo vive un momento fabuloso. Juega incesantemente al ataque, presiona alto, asfixia al rival, toca la pelota, hilvana jugadas de más de 10, 15, o hasta 20 pases, y hace de la pared, y del toque, y la corrida al espacio, (algo muy básico pero eficiente), su estandarte para pulverizar a cuanto contrincante se le ha puesto en el camino. Es un fútbol vistoso, quizás, el mejor fútbol del mundo para deleitarse en este momento. Para sentarse a ver, y disfrutar. Si le dan para elegir un menú con los mejores equipos del planeta, y usted se quiere garantizar salir empachado de buen fútbol, escoja River: si esta primera parte del Torneo Transición 2014 y la primera fase de la Sudamericana es una indicación, busque su pepto-bismol, porque va a salir lleno, eructando del fútbol lujoso que históricamente representó a River.

En Argentina se habla que no se veía un fútbol tan vistoso, un “fútbol champagne” como dicen a este, desde el River del 96-97, aquel combinado de estrellas que tenía en sus rangos a Francescoli, Gallardo, Ortega, Salas, Cruz, Almeyda, Sorin, el Mono Burgos, Astrada, Berti, y Ayala entre otros, que ganó Copa Libertadores, Supercopa, y Tricampeonato local en tan sólo dos años. No es para menos, este equipo juega de la misma manera, si bien los intérpretes no son tan rutilantes en sus nombres. Aún así, puesto por puesto, cada jugador de River es candidato al mejor en Sudamérica, no sólo en Argentina.

¿Pero que ha pasado desde el 97 hasta acá? ¿Hubo en el fútbol argentino algún equipo que juegue de esta forma, que cause la admiración que este River está causando? Y la respuesta es un rotundo NO. En tan sólo 8 fechas del torneo local y una serie de Copa Sudamericana, este River de Gallardo, si bien viene de salir campeón con Ramón Díaz, sobrepasa en su fútbol a todos los equipos argentinos de casi dos décadas. Y hay una gran variedad de equipos para elegir. Esta el Boca multicampeón de América con Bianchi de principios de siglo por ejemplo. Pero una mirada a ese Boca nos demuestra un equipo que luchaba mucho, que sabía defender, y que aprovechaba errores rivales para ganar partidos aún sin merecerlos. Tenía grandes individuales en todas sus líneas, pero ninguna superlativa, y los mejores usualmente eran los de abajo, como Córdoba o Abbondanzieri, Serna, Bermúdez, Cascini...si, estaban Riquelme, Palermo o Tevez, pero el fuerte de ese equipo nunca fue el área rival. Era un equipo inteligente, y defensivo. Bianchi sabía plantear los partidos y jugar con el nerviosismo del contrario. Fiel a su historia. No era un equipo que daba gusto ver, muchas veces eran sobrepasados en el juego, y merecían perder, pero sí era un equipo muy eficaz, que ganaba sin necesitar muchas oportunidades.

De igual manera el Estudiantes de Sabella, campeón de América, con la conducción en la cancha de la Brujita Verón, y un Boselli goleador, tuvo en la defensa su fuerte, fiel a su historia. Jugadores como Desábato, o Angeleri, o Braña. Con esa defensa estuvieron a punto de ganarle al Barcelona el Mundial de Clubes. Se podrán mencionar el Vélez de Gareca, el Huracán de Cappa, o el Newell’s de Martino. Ninguno alcanzó el techo futbolístico que aquel River del 97  alcanzó y este River del 2014 está alcanzando. Hubo otros grandes River por cierto. Aquel del bicampeonato del 98-99, con Aimar, Angel y Saviola. O aquellos del 2003 y 2004, con D’Alessandro y Cavenaghi. O también aquel equipo campeón del 2008, con el Cholo Simeone en el banco y Alexis Sánchez, el Burrito Ortega, y Falcao en la cancha, entre otros. Ninguno juega como este.

Decadencia

De a poco, el nivel del fútbol argentino fue decayendo. La excusa más típica era que, con la devaluación a partir del 2001, era difícil sostener un gran equipo y competir con los equipos europeos. Punto válido. Ese año salió campeón el equipo con peor fútbol de los torneos cortos hasta ese momento, el Racing de Merlo (luego llegarían Banfield, Argentinos Jrs, el Boca de Falcioni, y el San Lorenzo de Pizzi para equipararlo). Pero aún así, River, en mayor parte, y Boca en menor, seguían dominando a sus rivales y dando espectáculo hasta más o menos el 2004. Desde esa época River empezó a endeudarse debido a la horrenda e ilegal administración de Aguilar e Israel, y Boca tuvo un par de temporadas magras, aunque con la vuelta de Riquelme ganó otra Copa Libertadores y no mucho más.

Mientras River decaía, el fútbol argentino decaía. El fútbol feo era la norma del juego. Se corría y se luchaba mucho más de lo que se jugaba. Se pegaba mucho. La intensidad era quizás la más alta del mundo. Pero de fútbol había poco. Empezamos a mirar a la liga española o inglesa esperanzados de que algún día se vuelva a jugar igual por nuestros pagos, y recordando viejos equipos criollos. De a poco nos empezamos a acostumbrar a que ese paupérrimo fútbol que se veía semana tras semana era el fútbol argentino. Que el 1-0 era un buen resultado y ese gol había que gritarlo con locura y celebrarlo toda la semana, porque quien sabe cuando vendría otro gol. Hasta los campeones no tenían una idea de juego, salían a empatar de visitantes y tratar de ganar de local. Las últimas fechas eran un calvario para todos los equipos que peleaban el torneo, porque empataban, o perdían, tal era el miedo a ganar. El último representante de ese fútbol amarrete, y de ese miedo a la victoria fue el San Lorenzo de Pizzi, por puntajes el peor campeón de la historia de los torneos cortos en Argentina, y por falta de coraje, quizá, también.

Renacer

Pero toda pesadilla tiene su fin. Pareciera, ahora, con el renacer de River, el club más grande de Argentina, y por ende, de América, que los equipos quieren seguir ese estilo. Así como muchos se copiaron luego del seductor juego del Barcelona de Pep en toda Europa, ahora se ven a equipos que intentan jugar también de la misma manera, con sus imperfecciones: Banfield, Defensa y Justicia, y hasta Independiente, por ejemplo. El primero, liderado por un ex-River, Almeyda. Pero la pauta la da River por su poderío y su gran plantel, y por la capacidad de su cuerpo técnico. Además que el campeonato del Torneo Final 2014 le ha dado un ímpetu de confianza que no tiene ningún equipo en Argentina, y quizá, del continente americano.

La pregunta surge: ¿Puede ser este River la razón de un nuevo resurgir del fútbol argentino? ¿Se volverá a ver el fútbol vistoso de antaño? La respuesta en este caso es un rotundo SI. Si bien los exponentes del fútbol defensivo (Estudiantes, Boca) seguirán siendo fieles en mayor o menor medida a su historia, el renacer de River implica una movida estructural hacia el fútbol bien jugado, algo que el mismo Independiente, derrotado por River 4-1 también trata de hacer con sus limitaciones (ese fútbol también es parte de su gen). Lo que nos lleva al punto central de este artículo: históricamente River es el que da la pauta de como se juega en Argentina. River es la vara con la que se mide como está futbolísticamente Argentina en general. El mejor equipo argentino de todos los tiempos (y quizás, el mejor equipo de la historia del fútbol mundial) coincide con la mejor selección argentina de todos los tiempos. Aquella Máquina de River de los 40’s, con dos malabaristas del balón como el Charro Moreno y Adolfo Pedernera (para muchos de la vieja guarda, los dos mejores jugadores en la historia de Sudamérica, arriba incluso de Di Stefano, Pelé, y Maradona), y goleadores como Labruna, Loustau y Muñoz, entre otros, ya que también integraron aquella famosa delantera Di Stefano, Deambrossi, y Walter Gómez, entre los más populares. El Charro y Adolfo eran tan buenos que hasta tuvieron que irse del país, tentados por la plata que venía de México o Colombia. Cuando a River le iba bien, a Argentina también le iba bien. En los Sudamericanos de esos años Argentina se floreaba contra Uruguay, el mayor rival de su época, y también Brasil, que todavía era un país de segundo orden en el ranking futbolero, y fácil presa para Argentina. Es una lástima para cualquier argentino, que por decisiones políticas, la AFA desistiera de participar en los mundiales del 38, 50, y 54, cuando Argentina era el mayor exponente de fútbol en Sudamérica, y por ende, se podría argumentar, del mundo. Cuando la Máquina llegó a su fin, en el 57, y Argentina se reinsertó en el plano mundial, ya era tarde.

River sufrió 18 años sin ganar un título local. Durante esa época, del 57 hasta el 75, el seleccionado argentino cosechó muchísimas amarguras. No ganó Copa América, e incluso quedó eliminado para la Copa del 70, contra Perú, en la cancha de Boca, la única vez que Argentina fue eliminada en una fase previa. Jugaba mal, no tenía el estilo que siempre lo había acompañado.

En el 75 volvió a salir River campeón. Lo que provocó un aluvión de títulos casi anualmente (y el tricampeonato del 79-80), y Argentina salió campeona del mundo en el 78. Luego, en el 85-85, River formó uno de los grandes equipos de la historia, ganando el campeonato local con 5 fechas de anticipación, la Copa Libertadores, la Copa Interamericana, y la Copa Intercontinental. La selección de Bilardo, con varios jugadores de River, se consagró campeona del mundo. Durante los 90’s y los primeros años del siglo XXI River siguió cosechando títulos, y la selección jugando al fútbol de River, en general, ya sea con Basile o con Bielsa, salvando las diferencias, pero todas apostaban al ataque y la presión alta: el fútbol se jugaba en campo contrario. Es cuando River empieza su declive que la selección empieza a tambalear, y de la mano del ex-Boca, Maradona, casi se queda afuera de la Copa del Mundo.

Históricamente River es el que más jugadores ha aportado a la selección. Otra prueba más de que River es la brújula del fútbol argentino. Además, River es lejos, el equipo más popular de la Argentina, es decir, las arcas de la AFA se llenan con el equipo Millonario. Cada año los simpatizantes de River destrozan las tablas de asistencia, no sólo de Argentina sino de toda América, aún cuando estaban en el Nacional B, en el que rompieron todos los récords de asistencia, llevando el doble de gente por ejemplo de el Boca que salía campeón ese mismo año . Es decir, sobran las pruebas, en Argentina manda River.

En fin, lo interesante de la percepción de este River de Gallardo es que su fútbol está causando una revolución en un país que venía acostumbrado a una década de fútbol defensivo y temeroso, más enfocado en cuidar su arco que en probar al arco contrario. Y aún así, no ha ganado ningún título (es el campeón argentino, pero el DT del Torneo Final 2014 fue Ramón Díaz). Seguramente el juzgamiento final se verá a mediados de diciembre. Pero si sigue jugando así, este River que ya ha sacado una luz de ventaja en el torneo local, y que tiene un camino accesible en la Copa Argentina, no debe temer a nadie en la Copa Sudamericana, y es serio candidato a la Triple Corona en un solo semestre, o la Tetra Corona si se le adjudica la Supercopa por ganar el Torneo Final, la Superfinal, y el Torneo Transición, además de la Copa Argentina. Y eso sería el espaldarazo final para que otros equipos del fútbol argentino copien o traten de imitar el fútbol de River. Esas son buenas noticias. Porque eso significaría que no sólo el hermoso fútbol de River volvió, sino también el fútbol argentino en general. River Plate, tu grato nombre.

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