A fines de mes de julio pasado, el Madrid de Florentino Pérez acoplaba a sus filas a James Rodríguez. Mientras los amantes del buen balompié nos deleitábamos con la idea de ver jugar en el Bernabéu al mejor exponente de la Selección Colombia en el pasado mundial, pocos teníamos conocimiento sobre lo que acontecía detrás de cámaras. Y es que Florentino, con la contratación de James, había anotado un golazo para su empresa constructora ACS y todos sus accionistas. La empresa tiene ahora aprobado un plan de infraestructuras por el gobierno colombiano donde se estima una inversión de más de 20.000 millones de dólares. Es sólo un ejemplo entre muchos otros de la implicación del deporte, en particular del fútbol, en los negocios e intereses de entidades extra-deportivas.

Los países latinoamericanos no son impermeables a las tendencias contemporáneas de la economía del deporte. Algo que es característico de los clubes de fútbol es que la mayoría de estos se manejan en déficit financiero, si bien las instituciones más cotizadas del mercado han entendido mejor como explotar comercialmente sus marcas a una escala internacional. Con respecto al negocio del fútbol en América latina, son pocas las federaciones, ligas o asociaciones de este deporte que por ejemplo han logrado desarrollar su mercado televisivo para atraer una audiencia global que consume fútbol de alta competencia. A diferencia de una franquicia en una liga deportiva en Estados Unidos, en el fútbol de Latinoamérica no existe mucha inversión privada puesto a que varias entidades o instituciones están administradas como negocios personales más que empresariales. Esto se traduce sin lugar a dudas en inseguridad económica y jurídica para cualquier inversionista.

A pesar de no contar con un mercado deportivo competitivo con respecto al europeo o norteamericano, las naciones sudamericanas han visto también en su fútbol un crecimiento de la economía. Como vemos con el colombiano James, el chileno Alexis Sánchez o el ecuatoriano Antonio Valencia, los clubes europeos están dispuestos a pagar un dineral por sus servicios. Sin embargo, la crisis del fútbol en el Sur no tiene explicación únicamente en el éxodo masivo de talento hacia el Norte, ni en el desajuste existente entre ingresos y costos que maneja un club, sino sobre todo en las carencias estructurales y administrativas que afectan a tal institución, como también el otorgamiento de un poder considerable a ciertos grupos de interés. Estos problemas estructurales acontecen en el fútbol de países como Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú que estudiaremos a continuación.

La crisis administrativa del fútbol

El mal mayor de toda entidad deportiva es el desequilibrio agudo entre ingresos y egresos de sus arcas. Según Fernando Carrión y Pablo Samaniego, investigadores y académicos de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) – Ecuador, en lo administrativo, diversos clubes de fútbol de Latinoamérica sufren de un «populismo financiero futbolístico», es decir de un modelo de gestión pasado en años donde el objetivo primordial es el de obtener campeonatos, por encima de los equilibrios presupuestarios[1]. Este modelo se rige por una falta de transparencia en la toma de decisiones ya que los socios de la institución no llegan a aprobar los presupuestos. A su vez, consiste en un manejo patrimonial del club que carece de un plan estratégico que ve más allá de los resultados inmediatos.

Ecuador está viviendo una crisis estructural y financiera importante de su fútbol, donde la mayoría de los 12 equipos de Primera División deben al menos tres meses de salarios a sus jugadores. Carrión y Samaniego explican que en 2013, los ingresos principales de los clubes (i.e., derechos de televisión, boletos, merchandising) no lograron cubrir sus gastos corrientes (i.e. sueldos, gastos administrativos, intereses, etc)[2]. Las deudas acumuladas representan más del 80% del presupuesto de todos los equipos de primera. La mayor parte de estas deudas están compuestas por préstamos bancarios no cancelados, impagos a plantillas y cuerpos técnicos, e irregularidades en los montos a pagar por transferencias de jugadores. A estos problemas se suman las obligaciones tributarias que se convierten en un obstáculo financiero para cualquier club. La situación en Ecuador llegó a tal nivel de gravedad que los dirigentes de los 12 equipos pidieron una audiencia con el Presidente Rafael Correa.

 

En la actualidad, el fútbol ecuatoriano está administrado de forma directa por la Federación de Fútbol de ese país. Con la inminente crisis que se vive, la creación de una liga profesional de fútbol ha sido propuesta como una de las vías para salir del embrollo económico. Los directivos de equipos como la Liga de Quito expresaron que la liga podría ayudar a maximizar los recursos económicos de los clubes y a establecer una solidez institucional para el fútbol. Sin embargo, el delegado de Barcelona SC ante la Federación Ecuatoriana de Fútbol, Leonardo Stagg, se ha opuesto rotundamente a esta idea. Según Stagg, la creación de una Liga Profesional de Fútbol tiene nada que ver con la implementación de mejores modelos de gestión. Al parecer el tema podría ser estudiado por el Barcelona en un congreso ordinario si es que el proyecto contuviera una estructura en donde las responsabilidades financieras y legales de las 12 entidades estuvieran claramente delimitadas.

Bolivia es un caso similar, donde existe una crisis institucional profunda del fútbol que compromete a la continuidad de competencias y de procesos deportivos a mediano o largo plazo. Puesto que la mayoría de los equipos bolivianos no han tenido gran rendimiento durante los últimos años a nivel continental, el mercado del balompié nacional no cuenta con significantes recursos económicos que le permitan valorizar a sus jugadores y competencias a nivel regional. Bolivia cuenta con una Liga del Fútbol Profesional compuesta por 12 equipos, de los cuales 11 no tienen mecanismos administrativos eficientes para lidiar con sus deudas. El equipo decano del fútbol boliviano, The Strongest, a pesar de haber logrado varios títulos nacionales en los últimos años, vive una de sus peores épocas a nivel institucional. Su presidente, Kurt Reintsch, dirige al club desde prisión debido a deudas acumuladas con una entidad bancaria. Entre 2006 y 2014, el fisco embargó los bienes del club en dos ocasiones por deudas tributarias que ascienden a cerca de 1,7 millones de dólares. Es el claro ejemplo de una mala gestión financiera a consecuencia de un modelo caudillista y clientelar carente de estructuras que ayuden a generar ingresos estables para el club.

Por el contrario, Bolívar Administración, Inversiones y Servicios Asociados S.R.L. (BAISA), la empresa que administra al Club Bolívar de La Paz, maneja en la actualidad un modelo de negocio más próximo al de una empresa deportivo – mediática de un país del Norte. La empresa pretende equilibrar las finanzas del club mediante la creación de un patrimonio económico y social que le permita incrementar sus ingresos. En efecto, es necesario analizar la eficiencia de este modelo a largo plazo, sobre todo en el fortalecimiento institucional del club, debido a que los grupos empresariales pueden llegar a utilizar a las dirigencias del fútbol para favorecer los resultados extra-deportivos a detrimento de los intereses del equipo.

 

Grupos de interés

Cabe recalcar que en el negocio del deporte internacional, no se ha podido determinar aún un modelo de gestión de un equipo que sea completamente exitoso. Los clubes europeos tienen un brazo comercial impresionante pero varios de ellos tienen contratiempos al momento de cumplir con sus obligaciones financieras y tributarias hacia el Estado o sus accionistas. En Brasil, pese a que el gobierno creó en 2007 un mecanismo para reducir las deudas de 23 clubes, estos seguían operando con un déficit de 2.000 millones de dólares en 2012. Entonces es lógico ver que ciertos grupos de interés tomen las riendas de una institución deportiva para sanear su economía.

En ciertos casos, en contra de las regulaciones impuestas por la FIFA, los equipos de fútbol son intervenidos por el Estado mediante procesos que consisten en la suspensión de directivos y en la designación de empresas como administradores temporales. Tal es el caso del Perú, cuando en 2012 se llegó a intervenir a los cinco equipos más grandes con recursos públicos solicitados por el mismo Sistema Nacional de Administración Tributaria. Estos nuevos administradores regulan las finanzas de los clubes y, en ciertos casos, preparan la transición de estos a convertirse en sociedades anónimas.

Es necesario esclarecer que muy pocas entidades deportivas en América Latina que se convierten en sociedades anónimas se manejan de forma abierta; es decir, a través de la bolsa de valores y donde existe una rendición de cuentas mediante estados financieros puestos a luz pública. Al contrario, se ven más administraciones conformadas por grupos de accionistas que establecen gerencias que a su turno rinden cuentas directamente a los dueños de las entidades. Estas sociedades anónimas han sido muy criticadas por socios e hinchas, ya que se puede llegar a cambiar la identidad y mística de un club por decisiones corporativas que buscan obtener réditos financieros a corto plazo.

 

En Colombia, la promulgación de la Ley 1445 de 2011 en su Título II estima que los clubes con deportistas profesionales organizados como corporaciones o asociaciones deportivas se convertirán en sociedades anónimas. Esta transformación de los clubes en el fútbol ha sido puesta en marcha de forma parcial debido a que los dirigentes hubieran tenido que liquidar y subastar a sus clubes para poder atraer a inversionistas con capital fresco. Lo que se ha logrado por el momento es que los mismos dirigentes del fútbol adquieran los derechos y acciones en el manejo de las nuevas sociedades anónimas. Por ende, es previsible el nivel de aceptación que existe de parte de la dirigencia actual hacia una mayor participación de inversionistas en el manejo de una entidad.

Por otro lado, el fútbol chileno operó una transformación radical de su modelo de negocios. En mayo de 2005 se promulgó la Ley 20.019 de sociedades anónimas deportivas (s.a.d) que obliga a todos los clubes deportivos profesionales a convertirse en sociedades anónimas en un plazo máximo de 16 meses. Un ejemplo conocido es la sociedad Blanco y Negro del Club Colo Colo que se hizo cargo de la administración del equipo luego de que este se declarara en bancarrota en 2002. Esta sociedad canceló las deudas a cambio de una concesión de los bienes del club por 30 años y vende acciones propias y no del club, logrando de tal forma aumentar su valor comercial. Según un informe del Centro de Investigación Periodística (CIPER) de Chile, Colo-Colo y Blanco y Negro son los que más utilidades recogen del Canal del Fútbol (CDF), con una proyección de más de $2.000 millones en solo un año, lo que representa más del doble que un equipo de Primera División, y casi ocho veces más que un equipo de Segunda División[3]. Este canal de televisión mantiene un estrecho lazo con la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP), dueña del 80% de la propiedad del CDF. El empresario Jorge Claro controla el 20% restante del canal y de todos los derechos exclusivos de transmisión del campeonato oficial de Primera División. Es decir, Claro administra un negocio monopólico estimado en unos US$600 millones que sin duda alguna ha beneficiado a las sociedades anónimas de los clubes más preponderantes de ese país.

Tal como acontece con los clubes, las ligas o asociaciones de fútbol tienen cada vez menos poder sobre la administración de sus gastos e inversiones debido a la injerencia de estos grupos de interés. Muchos ven esto como un paso hacia delante para solventar un negocio deficitario en mercados que se vuelven cada vez más competitivos. Otros más nostálgicos de los modelos anteriores de gestión ven este control como una híper-mercantilización del deporte. Lo cierto es que existen ejemplos a seguir a nivel de manejo administrativo de una entidad deportiva. El punto clave es determinar que modelo de gestión permite a una liga o federación mantener un equilibrio competitivo dentro como fuera de la cancha. El presente nos muestra que la repartición de la torta financiera en el futbol internacional seguirá beneficiando considerablemente a los pesos pesados.

Referencias:

[1] Carrión y Samaniego, “La crisis del fútbol ecuatoriano”, revista Nueva Sociedad N 248, nov/dic 2013.

[2] Carrión y Samaniego, “La crisis del fútbol ecuatoriano”, revista Nueva Sociedad N 248, nov/dic 2013.

[3] Centro de Investigación Periodística (CIPER) de Chile .Paulette Desormeaux y Pilar Rodríguez, “CDF: Cómo se reparte el “botín” más preciado del fútbol”, Reportajes de investigación. Publicado: 12.11.2012

Sobre El Autor

Francisco Sanjines
Colaborador

Boliviano-Estadounidense apasionado por el deporte rey en Latinoamérica. Egresado de la Universidad de Nueva York (NYU) en materia de negocios y gestión del deporte. Francisco es conocedor del fútbol de "altura" y desea darle un enfoque distinto a la cobertura de la realidad futbolística de la región andina de Sudamérica.

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