El cúmulo de emociones que la selección brasileña fue acumulando a lo largo del Mundial parecía insostenible. La lesión de Neymar, más que catastrofista pareció ser una ventana de tranquilidad para Scolari y el grupo, por primera vez no serían favoritos, la sensación era que la presión para afrontar el partido debiera ser radicalmente inferior, pero al final todo explotó…

El 2-0 fue definitivo, los jugadores no tuvieron respuesta mental a ello, claro reflejo son los 7 minutos posteriores en el cual Alemania anotó tres goles más, un 5-0 histórico que jamás saldrá de las mentes de varias generaciones. Brasil nunca estuvo preparado para ganar, y no lo digo a nivel táctico o de plantilla, hablo de lo mental y es que el miedo a perder era superior al ansia del triunfo en casa.

El miedo y dolor del Maracanazo seguía vigente varias generaciones después, ser local más que una bendición supuso una maldición. Siete minutos que fueron la explosión definitiva de décadas de recuerdo aciago en un Mineirão que vivió un Mineirazo, 420 segundos que parecían no tener fin.

Un día así debería trascender más allá de los jugadores, podríamos hablar del error que supuso el esquema inicial, ayudando más si cabe a que la superioridad alemana en el centro del campo fuese absoluta. Luiz Felipe Scolari será señalado como culpable absoluto, cuando el problema es más profundo.

La CBF y su política de sucesión no es nada amigable para el aficionado brasileño, la poca modernización en los calendarios, fútbol base elitizado y poco modernizado/controlado deben acabar notándose por algún lado. En Brasil existe la certeza de que el talento surge porque sí, sin formarlo, pueden tener razón, pero el fútbol cada vez es más moderno y exigente, sin cómos no hay porques.

De esta selección pocos sobrevivirán de cara a Rusia 2018, podríamos contarlos con los dedos de una mano, el proceso de reconstrucción será atrevido y precioso de seguir, con calma pero urgencia. Un nuevo seleccionador y muchísimos debutantes, para un camino que comenzará de verdad tras la Copa América de Chile, con la histórica del Centenario 2016 y las Eliminatorias Sudamericanas en mente.

El 1-7 es ya la mayor vergüenza de la historia del deporte brasileño y uno de los encuentros más emotivos jamás vividos en la historia del fútbol, se escribirán libros, canciones y rodarán documentales sobre lo ocurrido en esta tarde-noche de julio y es que al final, el miedo a perder venció a un país entregado a su selección como hacía décadas que no ocurría.
Volverán a acumular estrellas, pero el 8 de julio de 2014 se sentirá durante varias generaciones.

Sobre El Autor

Alberto Zaragoza

Valencia,1990, con raíces en América. Periodismo. Apasionado del deporte, América es la ilusión.

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